Deseos para el nuevo año
Pasaron las Navidades y de nuevo se han equivocado aquellos que aventuraban que el lector de libros electrónicos iba a ser el regalo estrella de estas fiestas. Han surgido eso sí nuevos modelos y en muchas grandes superficies han sido colocados en lugares más o menos destacados a la vista del público. Sin embargo la falta de información sobre este nuevo gadget y su uso, y la forma de conseguir los libros virtuales con los que alimentarlo sigue siendo el impedimento principal —junto con el todavía elevado precio de estos aparatos— para que no terminen de popularizarse y continúen siendo simplemente objeto de culto para un puñado de frikis de la tecnología. Llama la atención eso sí —y puede uno llegar a pensar que se trata de una posición interesada para preservar el tremendo negocio del mundo editorial tradicional— lo mala y con frecuencia falaz que resulta ser la información de presuntos periodistas especializados en tecnología aparecida en los medios más importantes del país. Así que, de momento: boca/oreja. Mi vecino Daniel me ha confesado que no espera más. Como deseo de fin de año, mientras comía las uvas, había pedido Dani la destrucción del planeta en una gran explosión universal nada más acabar las doce campanadas, pero como no se cumplió su vehemente anhelo ahora duda entre el Papyre o el Sony Reader.
@ngel
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